Robert Fripp y una atractiva disposiciòn audiovisual que esconde simultàneamente cierta intenciòn comercial en el resguardo de su obra

La terminante prohibición de no registrar imàgenes o grabaciones de los conciertos es plausible para el concepto cultural de show, pero cierto extremismo en su estructura castiga a los màs alejados del escenario ante la ausencia de un circuito cerrado interno.

King Crimson (Foto Gabriel Imparato A001)

Por Gabriel Imparato

(Capital Federal – Jueves 10 de Octubre de 2019) Las dos noches el ritual en el estadio Luna Park se repitiò con una exactitud comprensible, trasladando la inocultable inquietud de su anfitrión en que los conciertos que comprende esta gira no se vean desnaturalizados por la nueva tendencia o moda que incluye shows con una infinita cantidad de celulares filmando o grabando las escenas del concierto, amèn de las potenciales fotografìas que se puedan tomar del espectáculo. Robert Fripp ya hizo historia en la mùsica, mayormente en su perìodo junto al maestro Adrian Belew, pero ahora busca que su postura convierta otra vez a los recitales en lo que fueron sus inicios en los escenarios, es decir esas reuniones de enormes audiencias dispuestas a simplemente escuchar el espectáculo y no distraerse con lo que proponen las nuevas tecnologías existentes.

King Crimson (Foto Gabriel Imparato A004)

Al ingresar al prestigioso estadio de la calle Bouchard a metros de la avenida Corrientes, dos carteles aparecen ocupando un protagonismo insòlito arriba del escenario. En letras negras sobre fondo blanco, ambos cartones sobre atriles de pintura decìan“Buenas noches, damas y caballeros. Bienvenidos al show. Ahora que se encuentran en el teatro, por favor abstenganse de tomar fotografìas con su càmara o celular hasta el final del show, o se lo invitarà a abandonar el teatro. Muchas gracias”. Esos carteles se colocaban delante de las tres baterìas durante la previa, el intervalo y al cierre del show, en tanto que durante el set de opening act del quinteto del argentino Fernando Kabuzaki los mismos figuraban bastante intimidantes a los costado de este ensamble que entre otros temas, tocò el clàsico instrumental de Charly Garcìa y Serù Giràn “20 trajes verdes”.

King Crimson (Foto Gabriel Imparato A003)

Pocos instantes antes de comenzar cada uno de los recitales, una voz en off repetìa por el sistema de cajas de sonido esta recomendación, pero al mismo tiempo agregaba que para que los fans pudiesen tener un souvenir visual del espectáculo, podrìan tomar imàgenes de la banda una vez finalizado los conciertos cuando el bajista Tony Levin tomara su càmara profesional y la mostrara al pùblico. Esos pocos segundos tras el espectáculo se convertirìan en el exacto momento para generar alguna foto testimonial, mientras todos los integrantes del conjunto saludaran a la audiencia.

King Crimson (Foto Gabriel Imparato A002)

En la primera funciòn realizada el martes 08 de octubre, el empecinamietno de los espectadores en mantener sus celulares buscando registrar alguna imagen del show terminò desatando una ridìcula escena que ni George Lucas o Steven Spielberg hubiesen imaginado, cuando los acomodadores durante el recital se trenzaron en una batalla de señaladotes lasers, apuntando a todo pùblico que no quisiese apagar o esconder sus aparatos, lo que dio pie a una muy ridìcula secuencia de coreografìas de haces lumìnicos verdes, gritos en medios del recital y algún espectador que se resistiò sin suerte a poder capturar una instantànea del show con mala definición en algun pasaje de los conciertos.

King Crimson (Foto Gabriel Imparato A005)

Evitar la presencia de càmaras o filmadoras en un recital no es una postura criticable, fundamentalmente porque obliga a ejercer una conducta que los mal llamados telèfonos inteligentes vienen cercenando hace tiempo. Las personas en un importante nùmero terminan pagando una entrada carìsima para ver un show detràs de la pantalla de un celular, disparando accidentalmente a veces sus flashes que enturbian o directamente alteran la climaticidad de un espectáculo en vivo de estas caracterìsticas.

King Crimson (Foto Gabriel Imparato A004)

 

Este postulado de Robert Fripp y sus socios es comprensible y correcto en muchìsimas consideraciones, pero el mismo incurre en tres errores sintomàticos que no son detalles menores para quienes abonaron sus entradas. Primero, que no haya celulares activados en un recital permite verlo desde cualquier ubicación sin tener delante la presencia lumìnica de esos aparatos que entorpecen la maniobra visual, ahora, si no hay un circuito cerrado que al menos transmita en las pantallas laterales alguna incidencia de lo que sucede en el escenario, aquellos que terminan adquiriendo las localidades màs alejadas del escenario no tienen la chance de apreciar ningún detalle de las interpretaciones efectuadas, puesto que la ùnica imagen que se emitiò por las pantallas en cada costado fueron las de una muy mal ubicada càmara en la consola de sonido y luces con foco bastante descalibrado, amèn de una lejania con el escenario absurda para quienes estaban en el pullman o las tribunas laterales.

King Crimson (Foto Gabriel Imparato A001)

La decisión de no colocar un equipo de camarògrafos que emitan el concierto para verlo desde las pantallas laterales es injustificable, porque asì privaron a la audiencia màs alejada del proscenio de ver còmo tocan estos monstruos de la mùsica. Obviamente todo tiene un transfondo muy comprensible: una encargada de la producción del mùsico se encuentra grabando todos los shows de la banda, para que un compaginado de estos se configure como el nuevo DVD triple del grupo en una futura comecializaciòn. Utilizando ocho càmaras fotogràficas colocadas sobre el escenario que tenìan alimentación elèctrica y sensores de foco automàtico, una añeja trabajadora del equipo extranjero ponìa a grabar cada uno de los sets que la banda concretaba, sin que estas unidades estorbaran el relajado desempeño de los mùsicos durante sus actuaciones.

King Crimson (Foto Gabriel Imparato A002)

Hasta ahì todo dentro de una comprensible postura que busca salvaguardar el material de la gira para una ediciòn comercial de la misma en pocos meses, focalizado planteo que los espectadores argentinos aceptaron a regañadientes màs volcados en disfrutar de un recital con mucho material viejo no interpretado antes y la chance de ver al grupo después de esa mitològica secuencia de conciertos realizados durante el año 1994 en el Teatro Briadway y el no menos icònico show en“Prix D’Ami”en pleno corazòn de Belgrano. El problema màs insospechado llegaba una vez que los recitales llegaban a su fin:los bateristas se iban hacia atràs para mirarse con sus compañeros, permanecìan menos de quince segundos mirando al pùblico y enseguida se retiraban del escenario como si una voz desde afuera les hubiese dicho que ya estaba lista la cena en camarines.

King Crimson (Foto Gabriel Imparato A004)

Esos escasos milisegundos de presencia sin tocar mientras el bajista Tony Levin tomaba algunas fotos de rigor, fueron el postre de una maniobra en la que el mismìsimo Robert Fripp pareciò desinteresarse de su contacto con la audiencia argentina. Incapaz de levantar aunque sea al menos una vez su brazo para agradecer las ovaciones, gritos y felicitaciones destinados a su persona, solo se dignò en algunos minùsculos pasajes a mirar a la gente como quien evalùa si la lluvia està muy lejos o cerca de sus plantaciones.

King Crimson (Foto Gabriel Imparato A005)

Una vez terminados ambos concietos, el añejo tio Robert tomò su càmara pocket de mano para hacer alguna foto testimonial. Saludar a los asistentes con su mano quedò excluìdo del repertorio fìsico, no sea que parezca que este legendario artista està ablandado, senil o al borde de ser internado en la Clìnica ALCLA con algún colega de la industria en peores condiciones fìsicas. Este análisis de la especial conducta de los mùsicos en Buenos Aires no es casual: conviene recordar que el mùsico Adrian Belew y sus acompañantes en sus habituales visitas al paìs, una vez finalizados sus shows, salen al hall o la veredea del teatro donde toca con todos sus mùsicos para firmar autògrafos, aceptar todas las fotos o selfies que se le sean solicitadas y tambièn charlar con el pùblico allì reunido de una manera absolutamente distendida y relajada, desacartonando la relaciòn artista-pùblico sin titubeos.