“OVO”Analizado a fondo: La inusual variante canadiense del durazno y la pelusa: “si amas el circo, bancate los bichitos”

El “Cirque du Soleil”està presentando en el complejo Tecnópolis su espectáculo con una excelente afluencia de público, a pesar de las bajas temperaturas, la crisis y la distancia del lugar elegido para este show presentado en la actual temporada.

Cirque du Soleil (Foto Agencia Punto Tiff A0008)

Por Gustavo De Cèsare (enviado especial)  

(Capital Federal – Sàbado 29 de Junio de 2019) El “Cirque du Soleil” trajo al país su producción denominada Ovo. Este espectáculo, creado en 2009, tiene como excusa argumental el mundo de los insectos; esta idea se hace evidente ya en el logo utilizado para ilustrar su nombre, que representa dos ojos saltones y un par de antenas. En lo concerniente al espectáculo mismo, la impronta entomológica se hace presente más en los números cómicos (esta vez, un tanto más infantiles que lo que se nos tiene habituados) que en los propiamente circenses, los cuales, a medida que van pasando las sucesivas ediciones de esta compañía, en lo personal, refuerzan su monotonía y obviedad, radicando su mayor o menor interés en las puestas lumínico-escenográficas que los contienen.

Cirque du Soleil (Foto Agencia Punto Tiff A0006)

En esta ocasión, no resulta un hecho menor el que no se haya utilizado – segunda vez que esto ocurre en Argentina, tras el espectáculo inspirado en Soda Stereo, “Séptimo Día” – el formato carpa (Grand Chapiteau) para albergar el show; privando así al espectador del ambiente, la “magia” y las coloridas y luminosas posibilidades de las telas circundantes que suelen ser la costumbre. El complejo Tecnópolis, si bien brinda mayores y mejores comodidades edilicias que las pasadas locaciones, no deja de ser un estadio a la Luna Park, màs sin el apolillado glamour – pero glamour al fin – aún conservado por éste.

Cirque du Soleil (Foto Agencia Punto Tiff A0007)

Sin embargo, cuenta aclarar que lo que podría pensarse ahora como una adaptación de un espectáculo a formatos más afines a los tiempos que nos tocan (economía de recursos por parte de sus productores), no le compete al formato adoptado por el presente show, ya que el mismo, a partir del año 2015, fue modificado por la propia compañía, pasando a presentarse desde entonces en una modalidad de tipo Arena. Es decir que, en todo caso, a la hora de elegir del menú posible, se habría optado por lo que mejor se avenía a nuestras circunstancias, en lugar de traer una versión “muleto” de otro espectáculo original.

Cirque du Soleil (Foto Agencia Punto Tiff A0009)

Como ya habrá deducido el lector hasta ahora, no me generó demasiado entusiasmo lo visto en escena. Probada está, holgadamente, la destreza que poseen los profesionales participantes de la troupe; lo que resulta limitado por la naturaleza es lo que pueden hacer con ella: una vez alcanzados sus confines, ya no hay novedad posible. Igualmente, no dejan de ser de lo más disfrutable los números que implican un riesgo para el ejecutante, además de un desafío para sus habilidades. Tal es el caso del romántico dúo de mariposas colgadas de correas fijadas al techo, el de unos ¿escarabajos? acróbatas apostados en sus nidos aéreos y sus peripecias para trasladarse de unos a otros, y el de los vistosos grillos que hacen uso de camas elásticas para sus innumerables volteretas.

Cirque du Soleil (Foto Agencia Punto Tiff A0005)

La mitad payasesca del espectáculo – lo de mitad es casi literal, tal fue la proporción de comicidad en detrimento de las artes circenses – se sirvió de las pueriles desventuras que un enamoradizo insecto azulino debe pasar para recuperar un pesado huevo que venía trasladando sobre su lomo desde otras latitudes, y que le fuera arrebatado por la colonia local de congéneres variopintos mediante la falsa seducción de lo que pareciera ser una mariquita (nuestro Bichito de San Antonio) afroamericana, secundada por un inescrupuloso antenado.

Cirque du Soleil (Foto Agencia Punto Tiff A0010)

Como no podría ser de otra manera, al final el robo se revierte y se transmuta la perfidia en amor verdadero. Cualquier falta de coincidencia con la realidad, es totalmente deliberada. Fuera de este argumento, y no siendo propiamente clownístico, el número de la extraña criatura anélida, que semeja aquellos muelles de resortes con los que jugábamos en nuestra niñez (generaciones posteriores a 1970, abstenerse de generar imágenes mentales) resulta ser de lo más divertido. Por último, llamativa es la permanente impronta brasileña que ostenta su banda de sonido, y sobre la que pivota de manera fundamental el espectáculo todo. La presencia de variados ritmos propios (aunque no todos ellos en exclusividad) de nuestro vecino país se refleja en composiciones caribeñas, cariocas, sambísticas y nordestinas, cuya alegría y colorido parecería ilustrar bastante bien – menos por una concepción antropo-entomológica propia de los mentores del espectáculo que por una obvia filiación de su compositor, Berna Ceppas – la supuesta vitalidad del suelo animal. En fin, hemos disfrutado de mejores ediciones de esta gran compañía canadiense, por lo que la considero recomendable sólo para seguidores fanáticos o primerizos de bolsillos abultados. Para quienes ya hayan asistido a dos o tres de sus espectáculos, ponerse en stand by hasta nuevo aviso.